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Una tarde originaria o diputada por Zamora

 

-Yo no vine porque quise. No elegí vivir aquí. De haberse hecho un referéndum familiar, jamás habría escogido la república de Venezuela, ahora con ese segundo nombre que la empuja, bolivariana.Me pregunto ¿Hasta cuándo seguir masticando el abultado siglo XIX, con sus caballerías y sus caudillos? ¿Hasta cuándo la obstinada omnipresencia de un héroe sin pathos. De un gran hombre que merecía un final más decoroso, menos napoleón,más Gandhi, menos ego. Bolivar, dios pobre hombre que no tiene silencio en su sepulcro.  Firma la flaca Delgado, diputada por  Zamora, nueva zona de distensión.

Para los que puedan leer este papelito, o sea alguno de los agentes  de la Inteligencia Social. Este es el envoltorio de un chocolate importado, digo el soporte de este grito de rebeldía, es un chocolate que obtuve por el intercambio de un kilo de quinchonchos. Una caja de Godivas si esos que le regala a una un hombre de los que hace negocios con la República Bolivariana, un trader petrolero…Todavía no hemos llegado al punto de pedir que el souvenir sea un rollo de papel higiénico.

A lo lejos, como si de sentencia ajena, se tratara, como si fuera la voz de otro país, se escucha a la Presidenta en sus quince minutos de gloria “Así en el sagrado derecho que concede el Poder Originario al pueblo representado en esta Asamblea electa popularmente por el pueblo, quedan aprobados en tercera y última discusión los artículos B-123; C 149.

¿Qué? ¿Cuál es el B123? ¿Y ese artículo? ¿Cuándo lo enviaron yo no lo conozco. Opto por volver a seguir garabateando en la mortaja de mi chocolate.

Es una de las tantas tardes sin sentido de esta asamblea. Estoy atrapada, no tengo para donde ir, hasta que la voluntad del Primerísimo lo demande, ah no perdón el pueblo debo seguir aquí, en este mismo curul, condenada a asistir hasta el fin de los tiempos en este mismo curul he decidido volverme loca. Pero todavía no

Ese papelito del chocolate donde queda impreso el manifiesto de su vida, la había liberado. Se sentía tremenda, una revisionista, frente a aquella nueva jornada de aburrimiento y empastelamiento de la sesión solemne para introducir el proyecto de Ley para el estudio pormenorizado de las calorías revolucionarias de los asquerositos-perdón choripanes calientes de la Plaza Venezuela.

En dos años de ejercicio parlamentario había aprendido a desconectarse, respiraba hondo, comenzaba a pensar en un par de zapatos amarrados a su memoria, a su avidez de golpear la tarjeta de crédito y poco a poco se iban desdibujando, todos esos compañeros, a los cuales apenas sonreía, pues ponerse a argumentar, habría significado, tener que reducir la expresión de su pensamiento a unos niveles de simpleza su razonamiento y peor aun su vocabulario: nada de verbos compuestos, alto empleo del dequeismo…

A su izquierda, el lado derecho de la sala siempre estaba desierto. Ella, Shurika Marina Suárez, Diputada por los pueblos Yukpas; hija del gran cacique Kanshasa Anuvi (que quiere decir palo pequeño); siempre está sonriendo, viste unos jeans levys y una cartera LB o sea yuhtapru nopuru que no es Luis Vuitton en yupka, pero igual sirve porque quiere decir puerta grande. Shurika es mi personaje de estudio en esta asamblea. 23 años de flojera, aspiraciones a convertirse en una topcomunistmodel, o sea romper los parámetros y crear la pasarela folk; es una industria paralela en la que la Makila, está en manos del pueblo, que a su vez le entrega todos los poderes al estado.

a ella igual que a mi nos encantan tener el closet de aropa pashi

(lleno de ropa) ah y a las dos nos encanta vestir nuestros pishimas (pies)

Uno de estos dias propongo el aprendizaje del Yupka. Me siento tan única.

Los ojos desorbitados y llenos de onzas de güisqui 18, del Diputado Enecio Gurgollón, no dejan de mirarme, pero creo que en realidad le mira los pechos a Shurika, que no lleva sostén y los deja saltar a su aire y parecen prontos a reventar en la isha (olla) de piel de Shurika cada vez que le hacen señas de que debe levanta la mano en señal de aprobación.

Ese ojihinchado, le tiene ganas al curul de Leidy Di, bonito nombre le puso su madre, “me queria poner Welldory Rodriguez, asi completo como nombre”

Ella que Gurgollón le tenia ganas a su curul, para adosárselo a Yaritagua, y así ponerle la mano al negocito de los camiones que transportan gasolina intervenida, o sea con menos pureza pues, tratada con una sustancia que la hace más evaporable.

Y esa gasolina itsha los motores, o sea daña, rompe, jode…

-¡Uy se me está olvidando el castellano correcto. No sería malo crear un alfabeto bolivariano está pendiente por discusión…!

Pero como ya dejé a tras mis zapatos, esos que cuestan 500 bolívares fuertes, con eso me pagan el alquiler, bueno la vacuna porque, realquilo, lo que me alquilan. ¿Qué no es legal? …Ahí está Gurgollón me está mirando con cara de golpe de estado, déjame regresar, soltar mis zapaticos…Aja voy a pedir la palabra y listo. A ver, ah si, propongo un artículo a ser incluido en la Nueva Constitucion , el 269. Ahí voy la palabra es mia.

-Tiene la palabra Leidy Di Delgado. Un milagro señores, por fin va a hablar.

Estimados colegas, en esta hora (tomo una gran bocanada de aire), de definiciones patriotas, donde no cabe si no la palabra venerada por esta Asamblea. Si, si, isisisisi,,,,,a ver con las palmas, Si, si , si, sis, si….Quisiera que la Diputada Solfa, con su guitarrita, cuidado que viene de la Vihuela, otra trapinsoderia cultural de los colonizadores, que acabaron con nuestra flauta indígena, pero en fin mi punto.

Estamos planteando la Revolución del Colon, “dime lo que comes y te diré si eres fascista. El abono de nuestras tripas no puede seguir siendo, resultado de las hamburguesas de Mac donalds…”

Aplausos furiosos….En esta parte interviene la Diputada SolfaMaria, con sus arepegios colonialistas, tranquila Solfa que ya le vamos a poner un parao a eso.

Leydi Infla el diafragma como cuando cantaba en la coral de la universidad y dispara un do de pecho, de contralto que es su registro.

¡Queremos heces nacionales, vivan los asquerositos, muerte a la hamburguesa…!

¡Hay que erradicar de una vez por todas, las células del imperio que subyacen en las hamburguesas de Macdonald’s que luego de diez años de revolución no logran ser borradas de la memoria palatina de las nuevas generaciones de venezolanos. “El hombre nuevo no puede llevar en las tripas ni un solo resto de esa receta que atenta contra los parámetros autóctonos de la cocina del fogón de todas las Petras y las Juanas…” se va escuchando un murmullo ininteligible. Sólo me despierto cuando escucho que la Presidenta comenta que la propuesta de la Diputada por Zamora, tiene que ser discutida en sesión extraordinaria, y yo agregaría, dice la Presidenta, ejerciendo un Derecho de Autor que no le corresponde, “ El abono de la tierra tiene que ser de la patria misma. Heces autóctonas, producidas por un colón atascado por toxinas autóctonas”

A su lado otro exactamente igual al que le sigue en la fila, mira hacia delante. Ella ha sido instruida, para entender que los tiempos de la Revolución siempre son los que vendrán, el hombre nuevo se hace, no nace. Hay que empujar para avanzar al futuro pero cuando ya se lo roza, el vuelve a tomar un impulso y nos deja vacíos. No, en contradicción profunda para dar el salto. Hoy además habrá que darle horas extras a la patria, un Diputado suplente por la Región Federal de Simón Rodríguez, el mismo que trajo la propuesta de crear el Imperio Bolivariano, ha caído cuan largo es, sobre el suelo recién estrenado de la Asamblea Popular Revolucionaria. Un miembro tieso, rígido, ha sido la causa, de un deceso muy particular. Su práctica y especial entrenamiento, no le fueron suficientes para sostener el brazo izquierdo, siempre el izquierdo, erecto, en una señal de aprobación continúa, que lo cubría con orgullo de busto, u ofrenda floral. Contaba el ahora occiso, que todos los días, antes de las sesiones se disponía a sostener planchas, copias piratas del filme “Así se templó el acero”, el Manifiesto Comunista a fin de endurecer, su bíceps, y poder mantener en alto, su brazo, el izquierdo por supuesto, como señal de aprobación perpetua. Iba muy bien encaminado hacia la experticia del brazo enhiesto, del arma que no dispara balas, sino aprueba ideas, cuando la extremidad rígida, fue atacada por un infarto fulminante. En Sesión Solemne y tras un minuto de silencio, se ha decidido que la Cooperativa La Pelona, se ocupe de mandar a hacer un féretro con una prolongación vertical para enterrar al compañero con su brazo en alto. Se llamará el ataúd de la aprobación perpetua. Paz a su pieza superior.

Moscas sobre el mantel

 

El reloj marco las 7:00 en punto de la noche. A esa hora en aquella casa todos habían cenado, sólo ella permanecía en silencio delante de su plato. De nada sirvió que le hicieran caritas sobre el puré de papas como siempre. “Me duele mucho la cabeza” decía arrugando el rostro. -Ya te di dos aspirinas infantiles como dijo el Dr Miranda, pero no sé que otra cosa puedo hacer. “Me hace bum bum bun”, es como si tuviera a mi amiga René y mi amiga Manuela peleándose ahí adentro.

-Dios dice la madre, la cabeza te hierve, mañana a primera hora vamos al médico.

La casa parece en reposo, afuera el ruido de las cornetas, da paso a un asomo de silencio. De pronto un grito. ¡ Ayyy ya René deja tranquila a Manu, suéltale el pelo! ¡ Ay, ay me duele, me duele!

¿Usted está segura de que la niña no se ha dado un golpe? Pregunta el residente al que hoy le toca hacerle el quite al Dr. Miranda que para variar está en un congreso.

¿Golpe?

Malena, ¿te has estado pelando otra vez con Manuel y Matias? No mami, son René y Manuela, están ahí, René agarró por los pelos a Manuela, y Manuela la pellizca y están aquí. Toque doctor. El residente Domínguez, coloca su mano en la cabeza- una cabeza bastante grande- y siente una extraña protuberancia que lo lleva a retirarla de inmediato.

¿La visión de la niña? Pregunta haciendo gala del estudio que acaba de culminar, justo la noche anterior. A ver Malena, dime ¿cuantos dedos hay aquí? Y los dedos puestos en signo de la paz.

MMM uno…y otro, dos doctor.

-¿Qué pasa doctor? ¿Qué tiene Malena? , inquiere angustiada la madre. El residente Domínguez, no sabe que contestar a la madre. La mira, mira la cabeza de la niña. Se coloca un guante. La toca de nuevo pero esta vez hace presión. La niña emite un grito desgarrador. Y le quita violentamente la mano al intruso. ¡Quita, le haces daño a mis amiguitas!

-Déjame ver tus brazos Malena, ¿te subes la franela? La niña obedece, no sin cierta rabia, y descorre las telas que recubren sus brazos. En su gesto hay cierto pudor de niña que descorre la tela, pero también ardor, no del ardor de las mujeres grandes, sino de ese del que duele, con esa punzante presencia de los sentidos. El doctor, residente Domínguez, roza la epidermis angelical de Malena. Y no puede evitar descomponerse.

-¿Hace cuanto está así? ¿Así, así cómo? ¿Cómo así, que tiene mi hija doctor, por favor dígame? Fuimos a la playa, una playa que para llegar hay que atravesar una maleza. Siempre vamos allí, desde hace 4 años. Es una costumbre, ya nos la sabemos. Y nunca pasa nada.

-Señora no sé como decirle esto….

-¿Qué tiene mi hija? ¿Qué le sucede?

¡Ayyyyyyy mami otra vez René y Manuela, estan peleando, me duele, me duele, no me dejan quieta. Me suena aquí, son ellas, son ellas, se gritan y se dicen cosas, feas!

-Señora su hija, pareciera tener todos los síntomas de la Ceguera de los Ríos u Oncocercosis. Para ser más claro gusanos, su hija tiene gusanera.

-¿Qué? ¿Mi hija? ¿Mi niña? Ya sabia yo que ud, no es más que un residente, ¿Cómo se le ocurre al doctor Miranda, dejar a un principante en el consultorio? ¿Mi hija gusanos? Nosotros somos una familia decente, pero sobre todo limpia, ni piojos ha tenido la niña…

-Sé que es difícil de comprender, pero esos huevos los pone la mosca negra. La Ceguera de los ríos es una enfermedad producida por un gusano llamado Onchocerca volvulus, que ocasiona daños en la piel y puede llegar a producir graves alteraciones en los ojos, hasta dejar ciegas a las personas. Hay que operar de inmediato.

-Quiero otro diagnóstico, quiero una junta médica.

La puedo complacer pero por conferencia telefónica. A la niña hay que abrirla antes de que su cuerpo sea tomado completamente por muchas manuelas y renes, que  cuando llegan a adultos, construyen unas casitas que ocupan, y allí se reproducen, exportando gusanitos pequeños a todo el cuerpo…

-Señora, señora por Dios. La madre ha caido al suelo, el joven residente intenta revivirla, y redimirla, con ella se desploma su vergüenza. En medio de su pequeña muerte, la madre ha revivido la epidemia de sarna de la que no escaparon ni ella, ni Malena, ni Manuel ni Matías, ni la chica de los Andes que limpia los jueves, y hace arepas los viernes y que no conoció el mar. La sarna copó la ciudad de Caracas bien entrados los años 70, y no distinguió entre La Charneca y el Country, hincó el diente y se acabó el caladril en la ciudad.

Domínguez, mira a Malena que toca sus protuberancias con algo de cariño. Ha vivido con ellas ya hace un par de días y les ha tomado cariño. Son suyas, son Manuela y Rene, sus dos barriguitas, sus dos montañitas, que le arden y le duelen, pero que la hacen única.

La madre regresa del sopor y sus ojos están bañados en lágrimas. Siga doctor, debo saberlo todo. El le toma la mano con suavidad, es blanca y limpia, está bordada de venitas, las mismas que el se aprieta con el pulgar luego de hacer una intensa sesión de joggin o taebo y están allí latiendo, vivas. –Cálmese, todo va a salir bien, hay que extirparlas…

-Siga, siga por favor, dígame más sobre la Oncocercosis

¿De verdad? ¿Quiere saber?

Su boca, la de ella, la madre, se dibuja como una u alargada, el presiente unos labios carnosos. Y una urgencia de su voz, la de él. Deja salir su diagnóstico con la certeza de un cura diciendo la misa del domingo, sintiéndose médico cirujano, de planta pues, con su letrero que dice Doctor Domínguez Infectólogo Pediatra.

-Cuando la persona llega a tener muchos gusanos en su cuerpo, se producen lesiones muy graves, como la pérdida de la elasticidad de la piel, sobre todo en la cara, las orejas y la región inguinal. Lo peor que puede producir la oncocercosis es primero dificultad para ver y, finalmente, ceguera total.

-Mami se quieren salir de su bolsita. Cae sobre su respaldar. Todos los movimientos se aceleran la madre corre hacia la hija, el doctor hacia la madre, vuelve a rozar su mano venosa como la de él sembrada y pulsante, cuando hace clases de taebo- El la sujeta cerca, hacia su pecho sus manos ahora unidas son una sola selva de venas brotadas. De pronto nada existe solo esas dos manos, que se hacen una y colocan a la niña. Es la hora.

La niña yace en la camilla, los ojos abiertos desorbitados. Dopada, cierto, la anestesia, la ha tomado por completo. El doctor regresa se ha sacado la bata ensangrentada. La niña, detiene en su rutina de una extracción exitosa. Entreabre los ojos, sonrie y deja ver que está traumatizada. La madre se acerca un poco más. ¿Cómo se siente mi niña?

Doctor ¿Qué pasó con Manuela y René, puedo verlas?

La madre casi desmayada otra vez en una silla, le toma la mano a la niña, pero sin verle la cara, menos la cabeza. El doctor toma una pinza y extrae de un recipiente de vidrio un pequeño animal, aun no formado y ciego, con las patas en ciernes, con cuerpo de diptero, la niña lo mira con curiosidad cruel de niño. ¿Puedo llevármelo a mi casa? ¿Es Manuela o René?

-No podemos saberlo, son gemelas. Moscas Negras gemelas. Pero el peligro pasó señora-dice el residente Domínguez, dejando a un lado el petitorio de Malena-Tengo que estudiarlas en el microscopio. Saber quienes son.

-¿Puedo llevármela doctor?

Claro que puede. Siente la niña, ellas las incubó, son sus criaturas, por varios días se alimentaron de su cuerpo, hicieron su casa allí al interior de su cabeza.

-La niña tiene que descansar, deberá cubrirle la cabeza con un pañuelo limpio preferiblemente lavado con cloro. Y observarla, para la piel, hay que bañarla con manzanilla, aplicarle esta loción. Ella lo mira, descubriendo a su protector.

–Gracias doctor, gracias por sostenerme, por ayudar a mi hija.

-No deje de observarla.

-¿Puede haber más? Digo más criaturas espantosas en su cabecita.

Eso en realidad es un cabezón, espeta impertinente y precoz, muy residente el doctor Domínguez, en menos de un soplo, cae por el suelo su cartel de la puerta y de su seguridad frente a ella, a quien ha rozado la mano. Quiero decir, que esos dípteros tienen la cabeza aun no formada pero desproporcionada con relación a la superficie corporal.

-¿Se acuesta tarde doctor? Un interés que va más allá del auxilio al especialista, se presiente en su pregunta. Al menos así lo siente él.

¿Puede darme su celular?

04167393002 Imagina su mano venosa, pulsando las teclas y el siente que lo pulsa a él. Ud marque, yo atiendo.

-Mami quiero llevarme a mis amiguitas. La niña insiste con autoridad.

La niña me llora y yo no puedo doctor, llora y yo me desarmo. La niña quiere los bichos.

¡Son míos, son mios…!

La niña los mira sus ojos son de un fondo abismal, se toca la cabeza recién abierta un poco más abajo. La mano el brazo con la piel descubierta la palma abierta se estampa contra el recipiente cuyo nombre aprenderá la niña cuando le corresponda estudiar química. El recipiente estalla en pedazos y los bichos salen esparcidos por toda la habitación, la madre vuelve a desmayarse el residente Domínguez la siente caer en sus brazos preparados para recibirla.

-Señoraaaaa. Se deshace la madre en medio del pecho caliente y abrigador del residente Domínguez.

-Están dentro mío doctor, me pica, me pica el cuerpo…fuera, fuera…

Salgan de mi, no las quiero, no las quiero…¡Quítamelas, quitamelas de adentro…!

Enseguida entra un tropel de médicos. Entre ellos el Dr Miranda, la cabeza de Malena es un gorro de protuberancias. Malena corre a los brazos de Miranda, doctor.

-Mi niña.

-Yo las maté pero están ahí doctor, jugando al escondite. ¡Quítamelas, quítamelas! Malena comienza a golpearse, los médicos la sujetan, la madre grita. Domínguez, no sabe como calmarla.

Se la llevan.

Al día siguiente, Malena sale en los periódicos, le han extraído 33 huevos, de la cabeza, la espalda. Deberá dormir, es objeto de estudio. Se recuperará muy lentamente, no así la madre, su hija ha quedado preñada de moscas. En la casa no volverá a hablarse de ese episodio. Malena no volverá a tener la piel tersa, su vestido epidérmico se tornará arrugado, Domínguez frecuentará la casa de la señora, conocerá a Manuel y Matias, comerá las arepas de la chika que sólo va los jueves. Malena se volverá callada, y dibuja moscas sobre el mantel.

The black out lady

Yoyiana Ahumada L

 

Aquella noche atravesó el salón enfundada en un guante que le atrapaba cada pedazo de su cuerpo, preso en aquella superficie de raso negro. Por primera vez en tantos años, su sonrisa volvía a ponerse en primer plano y dejaba abandonada la tristeza, compañera de larga historia. Todavía la hería la luz de la realidad, y por momentos temía sentir la necesidad de salir corriendo otra vez hacia la nada, en busca de su sombra, esa que había quedado guardada en el cuarto 349 de la Clínica de Reposo Casablanca, ¡Que manera de llamar a un camposanto de la razón! ¿La razón y para que sirve, sino para amarrarle el dolor y los miedos? No, esta vez estaba a salvo. Hoy, ella era la lámpara de lágrimas del comedor de la abuela, esa que todos querían encender para iniciar el rito del encuentro familiar. “Aquel que encienda la araña, tendrá permiso para siete deseos” recordó. Y siguió en su travesía por el salón.

Nadie, podría girar el interruptor. No se iría más a negro, no. Sólo luz, de Off a On.

Crush, crush, crush el vestido que le robó la serenidad a tantos ilesos que esa noche ignoraron que la tendrían delante- y las cabezas de los invitados volteando hacia la canción de su cintura que se desplazaba sobre unos stilettos verde manzana mordiendo sus pies. Los destellos brillantes en sus empeines, parecían encender luciérnagas en suelo del salón-

Nora la enfermera, le trajo para la ocasión una peluca para que recordarle su melena cuando todavía no había logrado arrancarse el cabello. Aquel moño, se bamboleaba en su cabeza, no le hacia falta corona- Era reina por derecho, así lo confirmaba el aroma soberano que iba dejando a su paso. La esencia del alma, eso emanaba, la de la suya, lastimada por tantas ausencias, extraviada, entre floral y amaderado, casi al punto de un aroma oriental, ligeramente intervenido por las técnicas de los franceses, pero era ella, su olor a rasgadura, a llanto y seda, lo que lo había hecho sembrarse alli.

Un solo hombro se asomaba desnudo y dorado besado por el polvo dorado que caía sobre su humanidad. Nora, la enfermera, se lo regaló “para cuando te asomes al mundo”

Nunca le hicieron llegar la tarjeta a su habitación 349, en la Clínica de Reposo, nadie quiere que haga acto de presencia, no vaya a ser que le de por desnudarse, o meterse en la torta, o quedarse atada debajo de las patas de la mesa, esperando el amanecer, mientras esos hombres de negro recogen la noche. Pero ella se las ingenió para estar. Le gustaban tanto las bodas que muchas veces se hizo presente a nombre de la familia González, siempre hay unos González que sacan de aprietos, y no perder detalle.

Los que se casan no tienen idea de cómo traman sus destinos con otros y tejen resoluciones que se pensarán definitivas y luego solo eran por un tiempo, uno cargará con la vida del otro, se casaron muy jóvenes. No sabían que querían del amor. Había que parecerse a la historia familiar, virus genético que llaman, ni más ni menos ¿Amor? Al principio deseo, largo, infinito hasta que estallan las voces de la abuela, la madre, el sustrato femenino, las revistas, las amigas, las creencias, los mitos, el deber ser que aplasta y azuza “mira mija no hay que acostarse con el hombre que una quiere para su vida la primera vez; la segunda claro…¡Si lo quieres para ti, haz que luche, no te mudes con él, no se la pongas fácil, trabájalo para la boda, piensa en la familia que vas a formar, los hijos, eh son buenos genes…ninguna tara en la familia, nadie descarriado, ningún artista…No lo olvides te estas llevando al macho alfa, si sabes por donde apretarlo, ese es para envejecer con él…”

-¿Cómo dejar algo, aunque esté hecho trizas, porque el compromiso, es para siempre…Es como si te entregaran las llaves de la ciudad, que es la persona, con sus andamios, con sus lastre, y su lustro. Para siempre, y eso lo sabia, ella. Para siempre estaría él sembrado en el desamor de quien compartia sus horas, en el desamor de aquel encuentro “Siempre estaré para ti” le decía, desde que los presentaron.

Cuatro años de visitas de estrictos jueves a las 6 de la tarde para llevarle su perfume y besarle las manos, dedo por dedo. “Siempre en mi capullo, mujer amada” Y mientras más tiempo pasaba en esos brazos robustos, olvidada del mundo, más le costaba salir de la torre de ese cariño de segunda mano, retenido por las paredes del Centro de Reposo empedrado en los muros de la hermosa mansión con jardín, perro e hijos. Todo cabía ahí en esas palabras que brillaban en el aro de “y los declaro marido y mujer” . La frase que él había pronunciado, una solo vez y para siempre.

Esta noche no. Ni murallas, ni tapias, ni farallones. Era ella frente al mundo. Travestida por la bondad de Nora, la enfermera que le regaló el polvo dorado, la que la cuidó desde que la llevaron allí, colgada de un silencio hondo, suspendido en una sonrisa.

Nora la recibió como si la hubiera estado esperando. Desenmarañó su cabello, no quería peinarlo porque sólo él sabía deshacer esos nudos de su pelo, hacerle caracolitos, mientras ella le mordía la tetilla izquierda, le mordía el corazón, decía ella. La amantaba con el cariño que aguantaba toda la semana para echárselo encima.

También había huido de esa jaula dorada.

Ese jueves no la encontró en el banco de siempre, Nora, guardó silencio. El entristeció al no poder besar cada dedo de sus manos. La creyó más allá de la habitación 349, sintió que la había abandonado durante demasiado tiempo, y se supo culpable de aquel sueño profundo en el que ella, su cautiva se había sumido. Eso le dijo Nora, sin titubear, sin equivocarse ni siquiera en una palabra, las hizo caer sobre él letales, inevitables, y pesadas como la tarde vacía de la Casa de Reposo. “Misión cumplida, pensó Nora, has sido vengada. Ve a reinar en tu fiesta, no van a ser las doce, no van a venir los ratones. El príncipe volvió a ser sapo. Es tu turno”

Durante el trayecto al fin de la ciudad, no supo de ella. Un sopor la invadió, el chofer ya tenia el santo y seña, sabia a que hora arribar, a que hora regresar. No recordaba esos paisajes, o los estaba descubriendo. Después de tanto encierro, la memoria juega al escondite.

La música comenzó a inundar el recinto, decenas de parejas corrieron a llenar la pista. Los ejecutantes se entusiasmaban con el fervor de los bailantes a medida que el champaña rodaba por entre las mesas. A ritmo vertiginoso, los instrumentos reproducían viejas melodías que daban paso a complicados pasos ejecutados en   la cabeza de ella.  Sentía que los pies se le iban solos, ¡tanto esperaba el momento de levantarse de esa silla con su copa burbujeante! – Sus ojos se iban tras el recuerdo de ese primer jueves cuando los presentaron. Se había quedado sin habla, él. Llegó para ver las reformas que requería la Casa de Reposo, era el Director del Banco Municipal y la vio. Esa visión de una mujer menuda, una fotografía de niña-mujer, recogida sobre si, lo arrebató. Atrás quedaron las obligaciones y el informe. Aunque cierto es que a partir de aquel jueves de enero, la Casa de Reposo, nunca recibió tanto cuido y atención.

Una revelación recorrió su cuerpo, no quería que esa tarde, que se hizo noche, y medianoche se terminara jamás. Ella ajena al estremecimiento de él, sentada como si encajara en esa grada, cambiaba de posición cada tanto tiempo como si ejecutara una coreografía que luego repetía con asombrosa precisión. El, se enteraría luego, en largos interrogatorios a Nora,   que era parte de su tratamiento, asociar emociones a movimientos. Pero ese alfabeto de su cuerpo siempre estuvo vetado para él. Apenas si lograba descifrar lo que su pelo enredado en una maraña, destejiéndose en ese tiempo sin tiempo, de lluvia y de sol, sus ojos verdiamarillos lejanos , los pulgares en batalla por zafarse de las manos, intentaban decirle al mundo. Que no a él en exclusiva.

-Ella es, dijo Nora. Soy  349 dijo, los nombres condicionan a las personas. “ Absolutamente rendido a sus pies, Srta 349” ¿Y Ud a que se dedica? -¿Yo? respondió halagada depende del día. Los lunes a estar aquí, Nora trata de deshacerme los nudos y yo me los hago de nuevo. Como Penélope, que para esperar a Ulises teje su malla y la deshace, porque no quiere casarse con otro…Los martes solo miro a las ardillas correr, los miércoles la muchacha del 348 grita y yo la escucho porque libra por todos. Penélope, escogió el hilo de seda que se enreda, pero sirve para hacer vestidos, pero no redes.  ¿Le gustan las bodas?

El no podía dejar de mirarla, y sin darse cuenta comenzó a peinarla delicado y dueño de ese nido de avispas que no le pertenecía.

Sonaron las mismas canciones que esa tarde cuando él se cruzó por el dintel de su vida.  ¿Canciones? Nunca hubo más sonido que el de las ambulancias que llegaban con otro huésped que venia desconectado, buscando una pista en la Casa de Reposo. Ella esta noche sentía que eran las mismas que sonaban dentro de ella cuando le hacia aquellos caracolitos en la maraña de su pelo nido de avispa, que a él nunca iba a pertenecerle.

¡Salud ¡ Una copa le había prescrito Nora.  Salud también por el momento cuando perdió la sanidad, la cordura y le diagnosticaron síndrome de bipolaridad, total una parte suya no se acordaba de lo que había hecho la otra. Una sabia que con ese señor de los jueves se había acostado en la cama de su habitación 349. Otra sabía que él le había dicho que ella, era su tormento, su dulce tormento. Una tenía los ojos verdiamarillos heridos por el brillo de oro 18 k, del anillo de boda amarillo y apretado en esa mano, a punto de reventar, que le peinaba su nido de avispa. Otra sabia que un día, que no fuera jueves el llegaría a la Casa de Reposo, y se la llevaría no para la casa con perros, no, la llevaría a bailar y entonces ella podría mostrarle como el cuerpo se mueve y hace figuras porque escucha la canción que el otro, el señor de los jueves, lleva por dentro. Otra lo escuchaba decir como un puedo darte lo que quiero, te doy lo que puedo. Otra no quería saber. Una sabia que aquel amor, no cabria en otro día que no fuera jueves.

¿Cuál de sus lóbulos cerebrales la llevaría a bailar?

-Salud por cada momento feliz y no tanto que me ha tocado. Salud por el milagro de estar aquí.

Ahora sus dedos envueltos en discretos aros de piedras tamborileaban sobre la mesa. Cada uno con su historia, el del primer aniversario ¿Cuántos jueves caben en un año? ¿Por qué los jueves? Por qué sólo los jueves, si sentía su amor en las manos que le encaracolaban el cabello. No podía, también él había aprendido a conformarse con poquito.

¿Y si llegara de pronto? ¿Y si me invitara a bailar? ¿Y si bailo y ya no hay más jueves para esperarlo? Nora, Nora sácame de aquí….la luz de la lámpara de araña del salón la perturbaba.

¡Quiero regresar a la 349! No, todavía no es momento de abandonar…¿Nora? ¿Me das permiso? Solo una copa, una pieza y yo me duermo, tranquilita, y te juro que no digo que hay ruiditos Nora. Quiero bailar, quiero danzarle. No se lo digas pero me preparé.

No se percató del momento cuando sus hombros marcaron la melodía. El miedo la paralizaba, pero su necesidad de danzar era superior a sus fuerzas, sentía que sus pies se iban solos. ¡Nora, Nora por Dios, quiero volver al jueves!

Entonces ocurrió el milagro. No era jueves, no era él.

De su cercanía emergió un caballero muy solicitado, al parecer y de eso se enteraría en la segunda pieza, venido de la región de Nápoles, tabaco en mano, vino tinto en la sangre y con los años sujetos a su mirada, que le ofreció su brazo.

349 no sabía como levantarse de su silla, pero él estaba dispuesto a festejarla, a cumplir su deseo de ser llevada, y ella con discreta alegría, se colgó.

La dama del vestido de guante negro, ceñido como el abrazo de El que la rodea así con sus brazos fuertes y la engulle, salió a la pista. Llevada por el caballero tinto, la faena al principio fue torpe, no conocían el ritmo interno de cada uno. Pero con la prisa de la elegancia, del poco a poco, ella se fue entregando a la precisión de sus brazos, a la firmeza de sus piernas.

-Baila usted muy bien, apuntó él con una caballerosidad trabajada en casa. Esa que sale tan natural por conocida, por ser rendido admirador de las mujeres.

– Escucho la canción de mi cuerpo. Y también el suyo, ¿Ve?

– Yo soy como un oso con zapatillas, Ud es ligera y delicada en su paso.

Mi padre me enseñó, bailábamos en el salón de mi casa, hay una lámpara de araña en el techo. Le decía mi padre me enseñó” hay que sentir el latido de quien te conduce, si no es gimnasia y urbanidad. ¿Ha visto las lámparas de araña que cuelgan del techo? ¿Por qué cuando se casa tiene que ser para siempre? ¿Hasta cuándo es siempre? Todas esas preguntas atormentaban su cabeza, una parte, no la que estaba bailando. Sino la Otra. Una trataba de no pensar, de concentrarse en el un dos, tres con el que dibujaban el suelo de arabescos de granito. Otra sólo pensaba en el jardín, en el anillo que la encandilaba con su brillo temible de 18 kilates.

No hubo más traspiés,  la sonrisa se asomó en  el rostro del caballero tinto. Supo en la vuelta que se llamaba Giorgio, que era canoso, pero no tan mayor. Que no tenia anillo fulgurante; ni casa con jardín. Una, dos y perdieron la cuenta y terminaron siendo 10 piezas de baile. Vueltas, piruetas, solos, dúos, algunas osadías nunca probadas, retando al equilibrio, la noche a los pies. Valses, pasodobles, un viejo merengue, una conga ancestral. Aquellas anatomías entretejidas como si la juntura viniese de otros tiempos Danzar y no pensar.

El set se había prolongado, los stilettos, que Nora le compró sin probárselos, hicieron el trabajo a la cortesía. Los zapatos eran su debilidad cada uno un personaje una historia. En la Casa de Reposo, los había repartido todos. ¡ No soy un ciempiés para tener tantos, no hay días para tantos zapatos…No quiero son pasos…a cada camino un zapato…o dos?

El caballero de plata luchaba contra su deseo de sujetarla por la cintura para hacer crujir el vestido, ella lo intuía en su sudor incipiente, que rodaba por la frente. ¿Puede apagar la luz? ¿Dónde está Nora? …

Nora…tengo que acostarme a dormir mañana es jueves otra vez, debo ir al banco ahí. sentarme a esperar, que diga señorita 349. No me preguntes mi nombre, los nombres condicionan me llamo como las tres divinas personas, tres dígitos, unidad, decena centena. ¿Y tú viniste esperando un milagro?

-Quiero que vengas conmigo, no puedo alejarme de ti.

No, solo una copa, la pastilla ¿cuánto tiempo he dormido? Paliperidona mas paliperidona serás tu, parece insulto. Voy a decirte un secreto que no sabe Nora, Nora, no hora, Nora…No….negativo, es N O, ra, no raciones, me racionan sabes sólo los jueves, el caballero que tiene un anillo que me deslumbra, me perturba. Me llega a doler el cuello. La paliperidona es prima de la risperidona de liberación prolongada es un nuevo antipsicótico atípico.¿Bailamos?

-Tienes los pies lastimados. Vamos a sentarnos un rato para que los pongas en alto.

Zapatos stilettos, tacón, hinca. Hincados estamos, tu estás, ¿donde viajas? ¿Cuando comenzaste a perderte? En esta boda nadie me conoce, vine a danzar me encantan las bodas pero no el matrimonio. No lo entiendo

-Eres deliciosa.

-No, eso no puedes decirlo, a él no le gustaría. Saberlo, siempre jueves…

La abuela me deja encender la lámpara son siete deseos. Uno el me peina y deshace mis nudos, del pelo, tengo nudos en todos los folículos pilosos, pilo…Pilo, a veces me dan arepitas, pero él me amamanta.

-¿Te llevo a tu casa?

Si me abres el vestido pero sin tocar ahí, está la plaquita…Yo no se donde vivo. Le dije Nora, quiero bailar, y Nora me regaló el vestido –lo mueve y suena- hace scracht, scracht…los zapatos ah y el polvo dorado, ese también me lo dio Nora, Nora da, Nora quita. NO …..RAAAAA No hay Hora, Nora, Nora Nora…

La lámpara se precipito al suelo, un terremoto anunciaba nuevos tiempos para la familia Guzmán. Cierto movimiento telúrico arrasó con la mitad de

349 se arrancó el moño, e intentaba sacarse el vestido. El caballero tinto, conmovido, la tomó en sus manos, la puso en el jardín ella acostumbrada al jueves se abrazó a su pecho procurando el calostro de su alma.

No pudo, se desplomó en el intento.

El libro bajo sospecha

Pese a los anuncios de intención de diálogo entre la Cámara Venezolana del Libro y el Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio (Milco), la exclusión del libro de la lista de bienes prioritarios ha caído como una bomba en el sector editorial. Escritores y editores consideran que podríamos estar ante una nueva modalidad de censura; mientras que representantes de empresas editoriales definen la crisis como una coyuntura. Cierto es que el mercado editorial, ya deprimido, sufre un nuevo revés con esta medida que atenta contra la diversidad cultural y viola convenios internacionales suscritos por el país.”El libro libera” fue la frase con la que el año pasado inauguró la feria del Libro en el Parque del Este, ahora Generalísimo Francisco de Miranda, el entonces Vicepresidente de la República, Jorge Rodríguez y ahora virtual candidato a la alcaldía de Libertador.

En 2007, el libro todavía era tratado como patrimonio de la revolución bolivariana, que no requería de certificados ni demostraciones. Bandera de la nueva era de la quinta república, la artillería del pensamiento viajaba en los tanques de la democratización de la lectura, con los cuales el Ministerio de Cultura instauró una plataforma donde se editaron 27 millones de libros de distribución gratuita, tanto de autores venezolanos como extranjeros, entre otros lujos, una edición especial de Don Quijote de la Mancha repartida en la Plaza Bolívar.
El año pasado también se anunció la creación de la Imprenta Cultural Nacional y Distribuidora Nacional del Libro, en definitiva, el montaje de un sistema de producción editorial estatal.Por su parte las empresas editoriales privadas se adaptaron al nuevo procedimiento de adquisición de divisas, y con algún retraso por lo complejo del mecanismo, se fueron acostumbrando a quedar rezagadas en el tema de novedades para los lectores, y en materia educativa y tecnológica, entre otros rubros.

NO MÁS DÓLARES CADIVI

El 3 de marzo reciente, una nueva medida sorprende al sector: el requerimiento del Certificado de No Producción-que se traduce en un título que entrega el Ministerio de Industrias Ligeras, tras “una demostración” resumen mediante de cada títuloque prueba que el libro que se importa no ha sido producido en el país. Ante la sorpresa del sector, el ministro William Contreras, saldría al paso declarando que la cartera que preside “detectó este año algo anormal en las solicitudes de importación de libros, al punto que ya superan los $1.500 millones”. Una cifra histórica que lo lleva a inferir que bajo el rubro de libros se está importando otra cosa que no son textos. Por esa razón, considera que es imposible otorgar libremente el dólar Cadivi a las empresas importadoras de libros.

De acuerdo a Yolanda de Fernández, presidenta de la Cámara Venezolana del Libro (Cavelibro), se han enviado al Milco 14 comunicaciones desde el día 3 de marzo, cuando se anunció que el libro se excluía de la Lista número 1, que comprende los bienes que no requieren certificación de insuficiencia o de no producción nacional, para el otorgamiento de divisas por parte de Cadivi.Como presidenta de la Cámara espera que en pocos días ya haya humo blanco y que detrás de la medida no haya intenciones de censura, ni de control de las importaciones.

DEBE SER UN ERROR

Esta decisión, que afecta a los principios de diversidad cultural y viola Protocolos como el de Florencia y Nairobi, donde se suscribe la libre circulación del libro, y de los cuales Venezuela es signataria, ha generado preocupación en distintos miembros del sector.

Gisela Kozack (escritora y profesora universitaria), espera que “sea coyuntural, simplemente una decisión ligera que tomó un funcionario aisladamente y que se den cuenta de que esa medida afecta incluso a las editoriales que traen textos po! líticos de izquierda, como es el caso de Paidos y Taurus, además de todos los libros que relacionados con educación”.
Kosack espera que sea una medida equivocada y que se sienten los sectores involucrados a conversar para corregir el error. Pero de ser irreversible, le preocuparía que fuese “una forma de desactivar y desestimar al libro como bien de cultura e imponer criterios de censura previa. O bien, que desestimule la actividad de las editoriales privadas, porque si los libros son excesivamente caros o no se pueden traer al país, la gente tendrá que apelar a los libros producidos por el Estado y con esa industria no se puede competir”.
Para Iván Dieguez, director Comercial de Magenta Ediciones y ex-presidente de Cavelibro, la situación es una coyuntura que será posible resolver a través del diálogo entre ambos sectores.
“Si hay irregularidades, debe sancionarse a quien las comete, no al resto de los importadores, porque pagan justos por pecadores. Indudablemente, afirmar que el libro es un bien prioritario no tiene discusión. Por eso creo que el criterio que se está manejando es de carácter técnico pero hay que ir más hacia lo social”.
Dieguez también considera que esta medida va a contracorriente del criterio del Gobierno y en contra de la democratización del libro. “No obstante, más allá de los llamados de atención, expresados en comunicados como el de Cavelibro, hay que dialogar para llegar a un acuerdo entre las partes involucradas. Si el problema se produjo por desconocimiento de los técnicos del Milco, como ha pasado en otras oportunidades, debe ser subsanado, porque el libro como bien prioritario es un criterio que se ha mantenido a lo largo de todos los gobiernos”…
El Mundo/ Lunes / Caracas , 26 de Mayo de 2008
Fuente: Libreros
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