Marcela Serrano: Nuestra señora de la soledad

Ya me canso de llorar y no amanece yo no se si maldecirte o por ti rezar, tengo miedo de buscarte y encontrarte donde me aseguran mis amigos que te vas. José Alfredo Jiménez.

 

Paloma Negra, a lo mero macho, iba a llamarse su más reciente libro, Lo que está en mi corazón. Paloma Negra como la ranchera de José Alfredo Jiménez, esa que está en el corazón de sus libros que le cantan a la soledad inconmensurable del ser humano, al abismo terrible entre hombres y mujeres; al complejo universo femenino, a la cintura de América. Incesantemente escribe su versión de Mujercitas, quizá porque al igual que las hermanas de Louise May Alcott, viene de una familia de cuatro. Hace poco se posó en Caracas y convocó a más de trescientos lectores por los predios de la plaza Altamira, a una cita que agradeció la sucursal del cielo

La larga bocanada de su cigarrillo- un sorbo profundo de un café cargado- un batido de la melena color de las minas de cobre de su Chile natal, anuncia el viaje hacia recodos algo abandonados, pero no por ello poco trajinados. Un dejo de nostalgia por aquel espacio de la infancia al que el escritor intenta volver una y otra vez.

Si el ajustado cinturón de los  dioses griegos le calzara a su humanidad menuda, ella se acomodaría en tres deidades: Deméter la madre; Hécate la hechicera y Palas Atenea la intelectual. Madre de dos mujercitas, su locura, según deja correr, cuando se le presentó el momento de asumir la escritura como una opción definitiva, no dudó en convocar a una madre sustituta, para que les dedicara el tiempo que le ahorrase cargos de conciencia. Unida al actual embajador de Chile en México, viven en distintos pisos de una misma casa “porque cuando vi sus pantalones en mi closet, supe que peligraba la relación”. Lúcidamente feminista, esta sherezada como la ha llamado Carlos Fuentes, confiesa haber rehuido del sino del éxito de su grupo familiar, pero como” lo que es del cura va pa la iglesia”, más temprano que tarde, sus personajes la alcanzaron, las historias la siguieron y se volvieron libros, casi todos con nombres de bolero: Para que no me olvides, Nosotras que nos queremos tanto, Antigua Vida mía y  Lo que está en mi corazón. Por más que corrió, se vio convertida en escritora, casi sin darse cuenta y recogió una serie de premios: Finalista del Premio Planeta (2001), Premio Sor Juana Inés de la Cruz (1991)  por la novela Nosotros que nos queremos tanto, y Premio Municipal de novela en Chile (1993) por Para que no me olvides. Un total de seis novelas, dos libros de relatos, entre ellos uno de cuentos infantil escrito al alimón con su hija María Margarita y Un mundo raro-homónimo del tango. ¿Escritora no?

¿Por qué habiendo escrito una novela a los once años ti empezaste tardíamente en la literatura?

– ¡Oh Freud!  Tiene que ver con que mi madre era novelista. Lo he pensado mucho, porque tenía la convicción de ser escritora, desde que era adolescente y escribí mucho pero no recibí el menor estímulo. Era viernes, no sé como me acuerdo de ese dato, pero era viernes  y llegué a anunciar que había escrito una novela y mis padres no me dieron pelota, yo me sentí muy frustrada porque cada vez que hacía un dibujo todo el mundo lo celebraba. Mi madre me dijo que era normal, que todo el mundo escribía: mi padre y mi madre. Yo dibujaba y escribía al mismo tiempo, le escribía a mi hermana novelitas por entregas, pero no tengo ningún recuerdo de estímulo para la escritura. Debo haber pensado, no puedo seguir los pasos de mi madre, no puedo ocupar su misma posición

¿En ese universo de libros que eran los hijos de tu madre y ustedes las hijas había competencia?

No, era maravilloso, cuando pasábamos esas temporadas eternas en el campo de mi padre, yo me acuerdo que mi mamá escribía en una remigton antigua debajo de un castaño y nosotros jugábamos con  los papeles, que horror, y cuando ella desechaba un original, yo dibujaba en la parte de atrás, siempre estábamos tocando, su proceso creativo. Estábamos integradas a su mundo.

La Serrano entró con ese silencio de la palabra a la universidad donde decidió inscribirse en Bellas Artes en la Universidad Católica de Chile, de allí salió graduada en Artes Plásticas y se dedicó al grabado. Durante un tiempo largo ejerció la academia y finalmente en 1973, la dictadura Pinochetista la aventó hacia las costas del mediterráneo.-

¿Cómo fue el proceso de las artes plásticas hacia la escritura?

Yo vivía el exilio en Roma y en ese momento estábamos en plena dictadura yo quedé inserta en un grupo dedicado a un arte muy de vanguardia, que en los libros de arte lo llaman la vanguardia de los 80. Hacíamos Videos de arte, instalaciones, performances, incluso hice un trabajo muy lindo con las indias yaganas  del sur de Chile de la parte austral y me saqué un premio importante del Museo de Bellas Artes, lo dejé en la mesa de noche y dije ya, hasta aquí no hago más nada y nunca más hice nada.

¿Cuándo te sentiste escritora por primera vez?

Pasó un tiempo y me dije voy a aprender a hacer mermeladas, esa fue mi reflexión, no tengo porque hacerle caso a este mandato del éxito. Coincidió eso con mi maternidad, armazón de pareja, la dictadura de Pinochet, cuando las energías estaban tan copadas que eso me ayudó como hacerme la lesa (tonta) un tiempo, me resistí bastante, al mandato del éxito que había en mi familia: mi padre y mi madre, mis cuatro hermanas son famosos, yo me casé con alguien famoso, en fin dije no voy a ser una gran artista plástica, no voy a ser nada…. Pero eso no duro mucho, porque cuando cayó la dictadura, la cantidad de energía que habíamos gastado en tumbar a Pinochet, me dejó un vacío y dije voy a escribir sobre la dictadura y en Nosotras que nos queremos tanto está presente el tema de la dictadura. Dije voy a hacer unas historias y a fotocopiarlas para mis amigos, esa fue la intención y cuando ya iba bien avanzada en la historia fui a casa de mi marido, porque nosotros vivimos en casas separadas, y se la mostré el me dijo ‘tú estás loca de hacer fotocopias, esto hay que publicarlo’ . Como es muy famoso, vinieron a entrevistarme como mujer de él, para saber que estaba haciendo, y yo dije estoy escribiendo una novela, y  al día siguiente una editorial me llamó para pedírmela así que ni siquiera pasé por toda la historia de los manuscritos, el comité editorial…

Tus protagonistas son seres deslavados, a quienes la vida las va llevando; en el caso de Camila, la periodista de tu novela más reciente, el marido consigue que vaya a Chiapas a hacer un reportaje , no tienen libre albedrío, pero tu discurso es otro

No se si radique en que no soporto las heroínas, las mujeres salvadoras, no me interesa escribir sobre ellas, me interesa la mujer común y corriente y en ese sentido trato siempre distanciarme de ellas.

¿Se te cuelan algunas angustias de la escritora y mujer ?

Bueno claro, eso es obvio pero trato siempre de separar mi idea de mujer de los personajes. Creo que la mía es una mujer universal sino no tendría sentido que me hubieran traducido a tantos idiomas porque en Turquía o en Grecia , las novelas se leen tanto como en Italia, algo pasará.

Arturo Pérez Reverte ha dicho que leerla es asomarse a los ojos de todas las mujeres del mundo.

¿Es una imagen mediática, producto del proceso de la modernidad, o una mentira la de la mujer emancipada?

No creo que es una gran mentira lo que creo es que no es una normalidad.

¿La crisis estrepitosa entre hombres y mujeres, sólo es reconciliable en la ficción?

El desencuentro entre hombres y mujeres es efectivo y cierto entre otras cosas, porque la vida cotidiana en las grandes ciudades no ayuda a que sea distinto. Ante ese panorama, surge la opción de la fuga, pero comprendo que no es una alternativa para todo el mundo, en ese sentido no tengo una receta que darle a nadie.

Fuga…

…Para mí la fuga es clave como posibilidad de escape, el concepto fuga lo tengo aquí- aprieta el puño- permanentemente estoy jugando con ese concepto.

Tus protagonistas siempre se van

Siempre. Pero eso tiene que ver con dos cosas de una situación existencial asfixiante que las lleva a escapar, pero también tiene que ver con el tema de la modernidad, a pesar de que gozo de toda la parte que me conviene de Internet en adelante, tengo un rechazo por la vida que se lleva en las grandes ciudades….

¿Te gustaría volver al campo?

Absolutamente. Siempre estoy buscando lugares que me recuerden el pasado, ese paisaje ese silencio, una vida mucho más amable.

¿Eres compasiva con tus personajes?

Creo que no se puede crear un personaje sino es a partir del cariño por él.

¿Y esos personajes que abandonaste los retomas alguna vez?

De repente alguno aparece en otra novela, pero casi nunca vuelvo a usar algo que deseché, los boto así no más.

¿Tus rituales en la escritura?

Cerrar la puerta, es muy importante un hombre que te cierre la puerta, la música No, no tengo rituales. Algunas manías: nunca cierro el estudio sin haber impreso lo que escribí porque tengo la pesadilla de que va a entrar un genio y me va a borrar lo que he escrito y si se me pierde una página no soy capaz de reproducirla. Cuando voy a empezar a escribir una novela por lo general me alquilo una casa en el campo sola y voy a encerrarme, a partir de ahí necesito escribir compulsivamente

¿Por qué compulsivamente?

Hay dos razones fundamentales: una que tiene que ver con haber empezado a escribir muy tarde. Tengo tantas historias en la cabeza que salen como a borbotones, tengo que ponerme al día con la cantidad de historias que quiero contar. La primera versión-que lee mi marido y mi agente literario- siempre es compulsiva después ya no, ya empiezo a revisarla con mucha calma.

Esta novela de Chiapas te ayudó a hacer las paces con tu generación- la de los 60- a perdonarse aquel fracaso político de la izquierda en A L. huérfanas de utopías?

Sí, no tengo proyecto, lo más sería decir que la convicción es la democracia.

¿Dónde la queda el futuro a Marcela?

Me veo en mi país, escribiendo siempre, no puedo imaginarme la vida sino es con un rollo novelístico en la cabeza, en el campo. Las grandes elecciones de la vida ya las hice: voy a querer al mismo hombre que quiero hoy día, no tengo dudas de que mis hijas van a ser mujeres maravillosas…

Has dicho que si pudieras ejercer un monasterio sin las restricciones de la religión te fugarías allí, ¿sola?

Se ríe….

¿Es Marcela Serrano  nuestra señora de la soledad?

Si………….absolutamente (carcajadas desternillantes)