Entrevistas

Yoyiana Ahumada LOS 90 AÑOS DE CHAVELA VARGAS

Isabel Vargas Lizano, conocida por el cariño como Chavela Vargas, cumplio el viernes 17 de abril sus 90 años y el martes 21 recibió un gigantesco homenaje en la capital mexicana, donde artistas como Julieta Vengas, Eugenia León y Astrid Hadad, interpretarán los temas que la inscribieron en la memoria sentimental de Latinoamérica. Ideas de Babel reproduce la entrevista que en 2001, con motivo de su visita a Caracas en una presentación en el Teatro Teresa Cachavela-vargas-1rreño le hiciera Yoyiana Ahumada para la Revista Primicia del diario El Nacional.

La clave tonal del siglo tiene canción para rato

CHAVELA VARGAS: CHAMANA DEL SENTIMIENTO

Corrían los años 60, Chavela era uno de los tantos símbolos que la revolución latinoamericana exportó hacia el mundo. Pantalones mediante, botella de tequila en mano y teniendo como maestros a Frida Khalo, Diego Rivera, estremeció las tabernas de México “yo cantaba y nadie me hacía caso hasta que José Alfredo Jiménez me descubrió…”  Quienes  pudieron verla en México cuentan que  “era una mujer muy aventada y sincera. Cantaba en la mitad del escenario con un reboso que le caía a un lado, y su botella de tequila. Cuando dejaba de cantar se tomaba su trago, así, sin ninguna pena. Siempre contaba anécdotas entre canto y canto. Era como un símbolo de una época sobre todo por su frescura y su sinceridad porque por encima de todo  era ella”.

Sobrevivió la centuria bebiéndosela y corriéndosela en una sola parranda, la de vivir. Costarricense de nacimiento, México la acogió para convertirla en musa de José Alfredo Jiménez, Juan Rulfo, Carlos Monsiváis, Joaquín Sabina, Werner Herzog y Pedro Almodóvar, la creadora de Macorina, se prepara para iniciarse como sacerdotisa “a sus 82 siglos”.

Un avión que pasa muy cerca del techo de la casa de su hermana en su natal San José de Costa Rica, da pie para soltar un improperio contra el siglo XX, Su voz encierra un misterio, cada respuesta es un estallido de humor de quien ha corrido siete plazas y tiene entre pecho espalda una larga noche donde danzan chamanes, amantes en el reboso de Huatlicue —diosa en mexica— como la llaman sus coterráneos de adopción, los mexicanos para quienes quiere ofrecer el más grande de los conciertos y abarrotar el Zócalo

¿A  cuál canción de las que ha cantado se parece Chavela Vargas?

Es una mezcla de todo, y ahí salió un color de vida, un color de amor, de esperanza, casi siempre mis canciones terminan en la euforia: amáos los unos a los otros, a pesar de ser pasionales, y de decir muchas cosas eso en lo que es eso en lo que está un poco equivocada la religión que confunde el sexo con la religión y no es una cosa muy aparte. Mis canciones son pasionales: ¡que me dejaron como lo dejan a uno! Está establecido que al amor hay que agarrarlo de una puntita y moverlo como un pañuelo mientras se va a alargando la distancia y se va haciendo menos el amor.

¿Cómo es un despecho de Chavela?

Yo qué sé, cada despecho es diferente. Te pones triste. Cada amor es diferente, cada frase es diferente, es la misma frase pero dicha en diferente hora, en diferente estado de ánimo, suena divino: te amo como nadie te ha amado, mentira al rato se le olvida…. (leer más en Ideas de Babel).

Yoyiana Ahumada TATUADOS POR EL PODER

cicatrizCarlos Fuentes dijo alguna vez que los escritores son una suerte de oráculos que tratando de exorcizar algo, al fin lo profetizan. Cicatriz, la primera novela de Juan Carlos Sosa Azpúrua, se convierte en un espejo de imágenes distorsionadas, que devuelve el intrincado universo del poder en la sociedad contemporánea. Editada por el sello Planeta, el relato del autor —experto petrolero y docente universitario; egresado de Harvard y director de Petroleum YV Group, una de las revistas más prestigiosas sobre materia energética en América Latina— da cuenta de una trama del ejercicio del poder detrás de poder; aquel que como un sustrato de los sistemas políticos, articulan la verdadera pirámide que controla el destino de la humanidad.

El verdadero poder del planeta

Como una suerte de círculos concéntricos, se dispara el universo de intriga de la corrupción del negocio petrolero. La cicatriz es una especie de marca indeleble que se imprime en la psique y en el alma. Un tatuaje que determina el accionar y el ejercicio del libre albedrío de los seres humanos, su sombra. Un thriller donde danzan macabramente todas las formas posibles de expresión del poder, tramado a partir de la vida de tres mujeres, desde cuyos haceres y devenires el autor va develando la trama de los grandes centros de poder del mundo: el del conocimiento —lo que los griegos llamaron techné—, el del espionaje, los pactos políticos, el económico, el sexo, la corrupción. Va desnudando el entramado del poder. Y decimos desnudando porque el componente erótico es determinante para comprender la novela, pues en el recorrido el autor plantea la lucha entre esos dos principios, eros y thanatos, como dos fuerzas poderosas que halan a los personajes hasta romperlos.

Esta sutil madeja se teje desde la vida de tres mujeres, que bien podrían ser el eco de una triada de diosas griegas: Hécate (Delfina), Afrodita (Miranda) y Era (María), aparentemente insignificantes, pero que a lo largo de la historia revelan cómo sus vidas se entrecruzan hasta ser alcanzadas por el gran factotum

¿Habrá oportunidad para la redención de alguno de estos oscuros personajes? Venezuela —golpeada por una larga década de franca lucha contra el autoritarismo— es halada por dos polos opuestos que se repelen. En una esquina, el poder de los Estados Unidos con su tradición de instituciones, empresas del conocimiento, inteligencia, etc. En la otra: la URSS que, aun fragmentada, sigue siendo el lado contrario, pero igualmente poderoso de la eterna guerra de los imperios. ¿El botín? El petróleo.

Al fondo de todo el país, sus contradicciones, la tragedia de ser un país mediano que se ha desarrollado pensándose el ombligo del mundo. Detrás de toda novela hay un país, dirá Rodolfo Izaguirre, un imaginario para comprender la identidad.

Yoyiana Ahumada: ¿Cuándo y por qué decidió escribir este libro?

Juan Carlos Sosa Azpurua: A raíz de las elecciones presidenciales de 2006, quedé muy afectado al presenciar como nuevamente al país se le evaporaba una oportunidad de oro para salir de la barbarie. Necesitaba escapar, oxígeno, contemplé marcharme de Venezuela, ya que tenía la posibilidad de irme como profesor a Oxford, y de repente me puse a escribir. Inicialmente publiqué un ensayo titulado ¿Y ahora?, donde abordé el drama venezolano desde una óptica muy íntima, bastante reveladora de aspectos privados de mi vida. El ensayo, que inicialmente fue concebido como un ejercicio para mí mismo, decidí publicarlo y, al hacerlo, sentí una sensación muy grata de desahogo, especialmente porque el mismo impactó a mucha gente y le dio la vuelta al mundo a través de la Internet. De repente me di cuenta que aquello que siempre había representado una pared de concreto para decidirme a escribir la novela, que desde los quince años soñé escribir, había desaparecido. El prurito de no revelar nada sobre mí, de no exponerme al escudriñamiento de terceros, me di cuenta que había desaparecido. Ya no me importaba en lo más mínimo ese aspecto. Entonces, en enero de 2007, me senté frente al monitor y comencé a tejer la historia que derivó en Cicatriz. Quise, con narrativa de ficción, retratar a la sociedad venezolana y también al mundo que estamos viviendo. También tenía como objetivo hablar de los fantasmas existenciales y el cómo los mismos marcan nuestras vidas…. (leer más en Ideas de Babel).

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s