La muchacha del malecón

Aquellos Ojos carmelita nunca alcanzaron a mirar hasta que rincón la llevaría el pedalear de su bicicleta.

Sus sueños en la lomita, en la que se sentaba en secreta ceremonia cruzaban el mar que la separaba de un nuevo horizonte, sin que ella pudiera tan siquiera sospecharlo.

Su destino de azúcar se fraguó en la caldera hirviente de unos cantos de libertad que le soplaron al oído a aquella pequeña y rubia, menuda como un silbido que se colgaría una vez una pistola al cinto.

Georgina Maria susurraba la hoz cuando cortaba la caña, Georgina Maria, Yoyi, yoyita, repetirían tantas veces aquello que la llevaron de la mano y la pusieron a enseñar en el alfabeto de las ilusiones ajenas.

Georgina Maria la los vestidos ampulosos, los tacones veloces, la del ali bar y Beny More callada y atrevida que un dia se fue con el hombre de la tierra del fuego.

Aquellos ojos carmelita conocieron otra tierra donde habría de sembrar canciones, amor y mañana, su mirada habia desembarcado en aquel arcoíris de loro reales y guacamayas, de joropo y de arepas, de esperanzas en vuelo.

Georgina Maria intento marcharse para regresar a su lomita pero la bicicleta celeste no estuvo lista.

Sus ojos carmelita se abrieron de nuevo y regreso a la vida y a los cumpleaños, todos los que le quepan, que los dias sonríen y la lomita siempre estará aguardando hasta cruzar el mar haciéndose  ilusión de un sueño de espuma que arropa a la muchacha del malecón.

FELIZ CUMPLEAÑOS MADRE AMADA

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