SANTIAGO GAMBOA: El cuento chino de un escritor colombiano

Yoyiana Ahumada

Viajero impenitente, pasó en vuelo rasante por Caracas, para asediarla con la “impostura” de su más reciente novela. Pertenece a los nuevos stars writer de América Latina que entre otras afinidades reivindican la novela negra y aborrecen el realismo mágico. Representada por pesos pesados como Mario Mendoza-ganador del Premio Biblioteca Breve Seix Barral 2001- Jorge Franco, Germán Castro Caicedo entre otros. Nació en plena guerra fría en el país que la vive en caliente y creció junto a la muerte de las ideologías. Pareciera que la miel del éxito lo baña en su exilio voluntario en Roma donde vive y escribe sin remedio.

Angustiado por no haberse aplicado la vacuna contra la fiebre amarilla, requisito para su próxima parada en Kenya, en carrera, con un sello más en su pasaporte, arribó a Caracas. La pata de su lente sujeta por una cinta plástica, alivia su mirada aquejada por “cuerpos flotantes”-una cierta anomalía visual, que dibuja un celaje de las formas, ¿tendrá que ver con el oficio de alterar la realidad desde la ficción? La barba al descuido y una melena rebelde dibujan la perfecta imagen del intelectual de los años 60 que completa su residencia y estudios en Europa donde estudió filología Hispánica en la Universidad Complutense en Madrid, Literatura Cubana en la Sorbona, en fin un escritor al estilo del boom, pero antiboom. Parricida al fin, se atreve a criticar Rayuela.

– Aprendí a leer y a querer la literatura a través de ellos que escribieron una América Latina distinta, que les planteó otros temas de elección estética. El que nos tocó, es un continente más urbano, la mayoría de gente vive en ciudades que son las megalópolis del tercer mundo con inmensas ollas de riqueza y de pobreza; por eso la novela está más cerca de la realidad, aun cuando hable de temas históricos. La generación del boom( Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez) a mí y a muchos escritores de mi generación, nos agarró muy jóvenes y por eso tuvimos una distancia saludable, ellos ya son clásicos, no son contemporáneos.

Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez, intentaron narrar un continente y fundarlo a través de la palabra. Era el compromiso.

-Creo en la literatura comprometida con una moral, con un compromiso ciudadano. El escritor debe ser una conciencia crítica al servicio de la comunidad en la que vive.

Trazas firme de una formación orientada hacia la búsqueda del hombre nuevo, hijo de profesores universitarios, el arte del compromiso: seamos realistas soñemos lo imposible

-…Casi toda la cultura del siglo XX es de izquierda. Los escritores y poetas tendían hacia ese lugar en contra del fascismo y las dictaduras en general, después vino el neoliberalismo y las distancias entre izquierda y derecha se desdibujó y la civilización inventó el centro. La izquierda es la cultura, la civilización, la derecha es natural: el egoísmo, el individualismo, mientras que la izquierda es lo que el hombre debe construir porque no le es inherente: la solidaridad, la generosidad…

Su experiencia lectora se le hizo estrecha, quería ser protagonista de esos mundos que le ofrecían Salgari, Dickens, garcía Márquez, Graham Greene, Joseph Conrad en fin, les cambiaba los finales a los relatos y añadía capítulos, quería multiplicar esa experiencia lectora en otros, saberse leído por ojos anónimos, que no los de sus amigos, como su personaje de la novela Chouchén Otálora, el eterno escribidor que se autofinancia sus publicaciones.

¿Cuándo se supo escritor?

-Cuando logré terminar mi primer manuscrito Paginas de Vuelta en 1993 en París. Haber llegado hasta allí después de cinco años fue un gran logro. Faltaba la lectura de terceros, pero ahí me sentí escritor. Por cuestiones de trabajo, me ha tocado volver sobre esa novela y me quedé sorprendido, escribía bien¡

¿El oficio le ha recogido el miedo y le ha soltado la mano?

-Echo en falta la frescura y la naturalidad con las que escribía 6 ó 7 años atrás… Hoy soy más precavido, pero el miedo sigue intacto, la fragilidad frente a lo que uno siente…Mis libros anteriores no me dan ninguna seguridad para el siguiente.

RECUADRO

¿En qué pues, consiste la situación del escritor secundario, sino en un solo y gran repudio? El primer y despiadado repudio se lo aplica el lector común, que terminantemente se niega a gozar de sus obras. El segundo e infame repudio se lo aplica a su propia realidad que el no supo expresar, siendo copiador e imitador de los maestros. Pero el tercer repudio y puntapié, el más infamante de todos, viene de parte del Arte, en el que quiso refugiarse, y el cual lo desprecia por incapaz e insuficiente. Y esto ya colma la medida del oprobio. Aquí empieza ya la completa orfandad. Witold Gombrowicz , Ferdydurke

La novela de marras Los Impostores, da cuenta de tres personajes que fingen ser lo que no son, simulan una vida y una grandeza que los lleva a “vivir sus quince minutos de fama” de un modo bastante sui géneris , tras un manuscrito de una secta secreta que sobrevive en la clandestinidad de Pekín : un profesor de literatura que quiere ser escritor y finge serlo, otro que busca la quinta esencia de la palabra y el otro es un periodista que quiere escribir pero no tiene talento.

¿Todo escritor es un impostor?

En la medida en la que se disfraza de personajes, de ciudades, de situaciones es una impostura, pero no del engaño que es un delito, sino de la impostura de la ficción

Un escritor es un perpetuo exiliado

– Un perpetuo aguafiestas como decía Vargas Llosa, cuando tiene una cierta responsabilidad, necesariamente tiene que observar las cosas desde un lugar apartado. No es un genio, es un hombre común y corriente.

Colombia rota a Madrid, a París que es una fiesta, ¿a cada ciudad un libro?

Más o menos. Perder es cuestión de método, transcurre en Bogotá, pero a partir de Vida feliz de un joven llamado Esteban, comienzo a distanciarme: las historias transcurren en otro país donde siempre hay un personaje colombiano en Vida….. una parte es en Madrid y la otra en París, y la más reciente Los Impostores, la historia transcurre entre Europa, Estados Unidos y principalmente China. Pero yo soy colombiano y escribo como colombiano, y vivo el mundo como colombiano, aunque no viva en mi país; la nacionalidad no es un ejercicio de asistencia obligada.

Rituales de escritura

Santiago Gamboa se despereza como a las 11:00 de una mañana calurosa de Roma. Hojea la prensa, y se sirve una taza de café, compañera inseparable de sus andares en bata de casa por su departamento. El computador encendido ad infinitum, lo vigila silencioso, el camina, la historia se construye y deconstruye en su cabeza “en realidad-afirma- escribir es pensar”

Una necesidad de expresión incontenible lo domina, una búsqueda por indagar en torno a temas que lo tocan: las relaciones humanas, el amor, la lealtad, por eso mis personajes son sencillos, arrancados de la cotidianeidad. “Y encontrar literariamente, razones para comprender mejor lo que me alivia y lo que me frustra”